Crónica de sucesos

Todos los días, sin distinción, me invaden sentimientos de rechazo (en ocasiones, rozan el odio), ante la crónica de sucesos que permanentemente (superficialmente) son referenciados en los medios de comunicación. El rechazo me lo producen los hechos, pero el odio lo alcanzo al comprobar la impunidad: Jamás perdonaré a la clase política la indiferencia que muestran ante estas situaciones y el que no aborden cambios legislativos que, además, impidan ciertas actuaciones judiciales que posibilitan la reiteración de conductas de estos malnacidos, asociales, violentos e incívicos.

Veo y leo que uno, a quien apodan “el melillense”, tras varios intentos y reiterada persecución a la víctima, consigue echar ácido a la cara a una chica y su acompañante: Una vida destruida por un desgraciado y sus colegas colaboradores que, en muy poco tiempo (si no lo están ya), estarán disfrutando del confort y atención de nuestra política de protección al delincuente.

Veo, y leo, que en Tenerife , ciudadanos rescatados del mar, atendidos con mantas, mesa, mantel y alojamiento gratuito en hotel, se quejan del servicio que reciben mediante la sutil forma de protesta de arrojar ácido y cal viva a quienes les custodian y a la policía que interviene. ¿Los causantes? Me imagino que les habrán mejorado de categoría de hotel, con opciones variadas de menú.  Como me gusta dar alternativas a los problemas, yo creo que lo correcto hubiera sido reinstalarles en una patera segura, acercarles a las costas de las que proceden, recogiendo previamente sus huellas dactilares para que no tengan acogida en Europa en los próximos 50 años … y aún así habría que ver cómo atender a las víctimas (policías y vigilantes) a los que estos salvajes han atacado.

Observo el día a día, el comportamiento de una parte de la sociedad, que podríamos encuadrar como juventud, que se comportan como verdaderos descerebrados; en este caso, soslayando los cotidianos actos incívicos, me centro en unos hechos que reiteradamente veo:

• Quedan para pegarse los fines de semana (y si están aburridos entre semana). Palos, cuchillos, hachas, puños de hierro, … y luego, las lesiones, a la sanidad pública.

• El Botellón: recuerdo que su desarrollo empezó hacia el 1982 y, desde entonces, ni un paso atrás. Ahora, en plena pandemia, se apropian de los espacios públicos desoyendo las instrucciones institucionales y poniendo en peligro a toda la sociedad.

Para mí, ambos casos se justifican en la educación que se está recibiendo e impartiendo:  No hay respeto a la Ley, a las fuerzas de seguridad, a la convivencia, a la cultura del esfuerzo .. no se premia el mérito .. se pasa de curso con suspensos… no se premia o beca a la persona en función a rendimientos escolares ..  todo se tolera (y apoya) bajo el principio de libertad y comprensión. Luego tenemos lo que tenemos, y nos extrañamos (bueno quien se extrañe).

Esta es mi crónica de sucesos abreviada … no hay espacio para reflejar toda la casuística (ni existiría paciencia para leerlo).  Qué decir de los okupas…. De que una alcaldesa de Barcelona provenga de la presidencia o apoyo a estos colectivos … De otorgar ayudas económicas a quienes no han cotizado sin contraprestación a la sociedad… De hablar de Amnistía e Indultos mientras la sociedad silenciosa se hunde… Fin.    No me quedan ganas ni para finalizar con una pizca de optimismo: A quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga.

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