Entre la alegría, la incertidumbre y el asombro

Sin duda la resolución del TSJPV, aceptando cautelarmente la reapertura de actividades hosteleras (en base a la petición realizada por la Asociación de Hostelería), es una buena noticia, pero en su justa dimensión:

1.- Se puede reabrir en condiciones muy limitadas de aforo, horario y requisitos varios.

2.- Puede suponer un mínimo consuelo para establecimientos que dispongan de terraza exterior.

3.- También facilita en alguna medida el servicio de comida para llevar.

Los aspectos positivos que pueden derivarse del conjunto de las situaciones descritas, difícilmente afectarán a más del 35% del censo total de actividades.  ¿El resto?  Siguen en total indefensión. Quiero poner el acento en algo que ya he manifestado en otras ocasiones: El auténtico problema para nosotros es que la pandemia ha hundido la actividad empresarial y que el autónomo ha quedado desprotegido por la Administración o el Estado.

Además, indirectamente, se está intentando situar al Sector frente a la sociedad, incidiendo en el debate sobre el binomio salud/economía, y no seré yo quien entre al trapo respecto a esa ecuación.

Ahora se quiere señalar al estamento judicial acusándole de inmiscuirse en ámbitos que no le son propios;  y mientras, quienes así obran, evitan el debate sobre la ausencia de ayudas:  Quieren que nos fijemos en el dedo que señala (si la situación empeorase) presuntas responsabilidades de otros (jueces), pero siguen sin asumir la protección económica a quienes, como autónomos, siempre han sostenido al Estado o la Autonomía.  Es más, se reprocha (políticamente) la  falta de conocimientos en los jueces para dictaminar sobre el grado de influencia de las actividades hosteleras en la transmisión del Covid pero ese no es el debate: lo que creo  que subyace en la decisión del TSJPV, es que el Gobierno ha sido incapaz de acreditar las circunstancias que aconsejaban el cierre de actividades hosteleras, por encima de otras situaciones o actividades.

Y el colmo: en un debate (con entrevistador claramente favorable al Gobierno), se atrevieron a preguntar al representante hostelero “si podía demostrar que el Sector no era responsable de la propagación del Covid”, claro ejemplo de prueba diabólica. Lo correcto (la imparcialidad debería primar en un entrevistador), hubiera sido (en la entrevista), preguntar a la otra parte cómo y por qué el tribunal había estimado que, en las alegaciones del Gobierno, no quedaba acreditada la responsabilidad del Sector en la extensión de la pandemia, por encima de otras actividades o circunstancias.

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