MÁS ALLÁ DE LA CUMBRE

Cuando un ser humano (no aseguro que también pueda suceder con los animales), supera la madurez y empieza la subida hacia la cumbre de la vejez (como último esfuerzo hacia una -la muerte- de las dos verdades incuestionables), es posible que ciertos criterios, opiniones, o sus hasta ahora certezas, se vean sometidos a una revisión ¿Por qué? ¿En qué momento sucede? Todavía no tengo respuesta: quizás al final de una de estas reflexiones sea capaz de formular alguna, pero me temo que no esté ausente de parcialidad.

Señora y cuidadora en plaza ajardinada

El día estaba entre triste y revuelto. Subía hacia mi casa y la vi sentada en su silla de ruedas aparcada junto un banco de una bella plaza ajardinada. Mientras me acercaba, me fijé en su mirada: perdida, lejana, quizás hasta indiferente ante la brisa que acariciaba su cara y removía su canoso pelo. Estaba abrigada; modestamente, pero suficientemente abrigada para la temperatura que hacía.

A su lado, quien parecía ser su cuidadora: no tenía apariencia de familiar. Seré más exacto: sus facciones la hacían aparentar como de procedencia no nacional, algo que no debe extrañar pues, hoy en día, es la imagen más habitual en nuestras calles, y mucho más en algunas zonas determinadas. Su mirada estaba tan perdida como la de la persona a la que acompañaba: en términos de mus diría que teníamos pares. No se hablaban; permanecían juntas, mirada al frente y con pensamientos indescifrables.

Ambas transmitían paz; o quizás pasividad, o indiferencia, o nada: en la persona cuidada posiblemente era consecuencia de las batallas finalizadas (sin descartar origen por enfermedad); y en la cuidadora probablemente su paz proviniera del cansancio por todas las luchas superadas hasta obtener una oportunidad (¿?) de orientar su esfuerzo hacia el cuidado ajeno, como medio de sobrevivir económicamente, aprovechándose de la existencia de una cierta desvinculación de familia (y sociedad))  hacia los mayores e incapacitados.

Mientras pensaba en qué interesante sería una entrevista a ambas, para conocer sus vivencias, había alcanzado su posición y comenzaba a dejarlas atrás. Atrás en lo físico, porque su estampa quedó grabada en mi mente. Una ráfaga de viento de mediana intensidad, y una hoja que suavemente caía de los árboles cercanos, me hicieron volver a la realidad, aunque todavía no sé a cuál, o no del todo.

 

De Protestas y Manifestaciones

Los manifestantes no decaían en su producción acústica en su rodeo al Palacio de Justicia en el día y momentos en que se iba a dilucidar un expediente laboral: no se me ocurrirá afirmar que estas conductas no dejan de constituir presiones ambientales y personales pero, si se tolera, quién es nadie para señalar esta circunstancia.

Confieso que ante este tema, no es que tenga una posición única, ni siquiera dual; es tan variada que me resulta difícil resumir una opinión: Normalmente, el lugar en el que resido, es testigo de no menos de 250 manifestaciones por año. Con la experiencia que acredita tal volumen de visualizaciones me atrevo a enumerar algunas reflexiones:

• Me cuesta aceptar sin objeciones la presencia de niños en las manifestaciones: no son personas preparadas para asimilar ese tipo de conductas. Gritos, insultos, explosiones, violencia… no debería ser el modelo formativo a implantar en mentes no formadas.

• Y rechazo la contaminación medioambiental: nadie controla el destrozo acústico inherentes a la mayoría de estas manifestaciones. Y lo que es peor: hasta manifestantes defendiendo cuestiones medio ambientales, incurren en esta contaminación.

Pero, en este tema, existen muchos aspectos a considerar según tipo y objetivos de ciertas protestas sociales:

• Según qué tipo de partidos gobiernen pueden ser más habituales o amenazantes, aunque sean para los mismos objetivos.

• Están las organizadas para que, tras décadas de reivindicaciones con escaso control de absentismo o productividad, conseguir convertir a empresas en quiebra en propiedad del Gobierno para que las sigamos sosteniendo entre todos: En Euskadi hay un pasado espectacular.

• Pueden ser de manifestantes que reclaman pensiones … aunque apenas hayan cotizado.

• De colectivos variados (emigrantes con entrada irregular, de connotaciones vinculadas a la forma de sentimientos y sexo, de organizaciones receptoras durante décadas de subsidios, defensores de un cielo azul, o rojo, o morado, o de un sin cielo …,).

En fin que soy un privilegiado que está al día de los movimientos y protestas políticas, sociales, culturales y de lo que haga falta. Es más, hay caras que reconozco: unos días están en lucha con el Comercio, otros en empresas industriales, algunas en políticas… No sé cuándo tienen tiempo para trabajar.  Además la vía pública donde resido (la Gran Vía turística de los manteros, menesterosos, variados pedigüeños y durmientes de cajeros), me pone al día del pulso de la ciudad; luego un pequeño paseo por la City, para visualizar variados carteles de cierre, alquilo, vendo … con pequeños y coloridos mensajes  de grafitis de hay te pudras, me proporcionan la suficiente actualidad y visión, como para no olvidar la extraordinaria capacidad de nuestros dirigentes políticos.

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